Roma - Itinerario de Italia -

Castillo de Sant'Angelo

Calixto III, Alejandro VI y San Francisco de Borja dejaron su impronta en la ciudad.

La Roma de los siglos XV y XVI fue testigo de innumerables hechos relacionados con los Borja. El nombramiento de los dos papas valencianos, Calixto III  (1455)  y Alejandro VI (1492), y el ascenso al generalato de los Jesuitas de San Francisco de Borja. Ciudad en la que, además, fallecen los tres.

Es en Roma donde el linaje de los Borgia se expande en los estratos eclesiásticos  y administrativos del  Vaticano, donde tienen lugar las dos bodas de Lucrecia Borgia y donde se pertrechan  los asesinatos de Juan Borgia, segundo duque de Gandía, de Alfonso de Aragón, marido de Lucrecia, y los múltiples actos delictivos atribuidos a César Borgia.

El mecenazgo artístico de Alejandro VI tuvo una fuerte impronta en la urbe, con obras en el castillo de Sant’Angelo, Santa María la Mayor y la torre Borja del palacio vaticano. Entre sus reformas urbanísticas, la reordenación de plaza Navona, la restauración de las murallas de la ciudad y la apertura de la via Alejandrina, para unir la Basílica de San Pedro con el castillo de Sant’Angelo.

La Roma del siglo XV es la de la resolución de los cismas en la Iglesia Católica, la del avance del islamismo con la caída de Constantinopla (1453) y la del descubrimiento de América (1492).

A finales de este siglo se acentúan los conflictos entre los grandes poderes de la época: los papas  y los reyes de Francia, Nápoles y Aragón

En este periodo inicia su implantación el humanismo y el Renacimiento como expresiones culturales.  Se organiza la biblioteca vaticana, se crea el primer museo del mundo y tiene lugar el jubileo del año l500.

El Renacimiento redescubre los valores  artísticos e intelectuales de la antigüedad. Se contratarán a creadores que embellecerán la urbe, cuyas obras marcarán la Historia del arte:  Caravaggio, Tiziano, Tintoretto, Rafael o Miguel Ángel.

Roma es saqueada por las tropas de Carlos V (1527) y Pablo III funda  el tribunal de la inquisición (1542) bajo la supervisión de los dominicos.  Ignacio de Loyola ve aprobada la Compañía de Jesús (1540) poniéndose al frente de la labor evangelizadora y de la contrarreforma.

En el  siglo XVI los papas consolidan su poder, pero el cisma luterano provoca un desgarro en toda la cristiandad. La Contrarreforma pone en marcha un conjunto de medidas con las que el papado trata de contrarrestar la crisis, planificada en el extenso Concilio de Trento (1545-1563).

En esa época será San Francisco de Borja el que rescatará la memoria del linaje, al renunciar a las suntuosidades del este mundo y ponerse a las órdenes de San Ignacio de Loyola (1550), residiendo en Roma desde su nombramiento como general de los Jesuitas, en 1565, hasta su muerte en 1572.

 

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